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« Es para comerte mejor… hija mía ». ¡Quién no se ha identificado con Caperucita Roja, temblando de terror, pero también de placer! Cuentos y mitos nos traen el fantasma de comer y de ser comido; de escapar a la amenaza de ser devorado; o también de ser comido y de sobrevivir. Hijos que comen a los padres. Padres que se tragan a los hijos para impedirles nacer, o van a dejarlos perdidos en el bosque donde están amenazados de ser devorados por ogros o por brujas. En cuanto a las madres, alimentan a niños que, a veces, tuvieron ganas de machacarlos, como se suele decir en lenguaje corriente. La ficción sigue hoy en día explorando este imaginario canibal, como dan testimonio la literatura, el teatro y el cine.
« Tomad y comed todos de él…Esto es mi Cuerpo »… La comida ritual nos remite a un acto fundante de identidad, que vincula a los comensales. Mantiene las prescripciones, protegiendo a los hombres de devorarse mutuamente de manera salvaje. Se puede comprobar que, durante siglos, comer ha estado indisociablemente unido a una inscripción religiosa. La Cena o la Comida Eucarística ocupa un lugar central en la tradición cristiana, aunque este rito tome matices diferentes en consonancia con las diferentes maneras de vivir el grupo o la comunidad. A las diferencias teológicas corresponden frecuentemente diferencias de sensibilidad en relación al comer y a la comensalidad.
Comer es algo más que alimentarse. ¡Comer es algo psíquico! ¡Comer es algo social! Los trastornos alimenticios lo ponen bien de manifiesto. Freud, cuando busca comprender el fundamento del vínculo social, cuenta los orígenes de la comida totémica :la horda de los hijos reunidos incorpora al padre primitivo durante una comida. Por este acto, se actualiza la confrontación de los movimientos antagonistas. Los hermanos renuncian conjuntamente a devorarse unos a otros y todos aceptan el no monopolizar para ellos solos el seno de la madre. Quizá cada vez que comemos el vínculo social se reanuda.
En un contexto de mundialización, el encuentro de las culturas plantea la cuestión del modo de relación al otro : ¿incorporación o rechazo ?, ¿separación o asimilación ?, ¿acogida o rechazo ? Un trabajo sobre la oralidad podría facilitarnos el captar mejor los temas candentes, las oportunidades y las dificultades del encuentro de las culturas y de sus efectos sobre la identidad.
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